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~. Biografía .~
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01
~ Nacido en Murillo el Fruto
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Desde
Murillo el Fruto, Raimundo Lanas será, a comienzos del siglo XX,
«EL Ruiseñor Navarro», «EL juglar de la jota navarra, una de las
más bellas canciones del mundo». A las seis de la mañana del 23
de enero de 1908, nace en Murillo El Fruto Raimundo Lanas Muru,
hijo legítimo de Pascual y Evarista, naturales y vecinos
de esa noble villa ribereña, en su Calle Mayor número 33. Ya han
fallecido sus abuelos paternos Fermin Lanas y Ramona Gavari, también
de Murillo, pero pueden acompañarlo los maternos, Escolástico Muru,
igualmente de Murillo y Ruperta Beorlegui, de Tabar. Al día siguiente,
24 de Enero, recibe el bautismo de manos de don Norberto Zudaire,
regente de Santa María de Murillo El Fruto, por comisión del párroco
don Ruperto Bariáin, y es la madrina Lucia Beorlegui. Raimundo tiene
ya dos hermanos mayores que él: Rufino, el primogénito, y Cirilo.
Y a pesar de tener su padre solamente treinta años, pronto quedará
huérfano teniendo la madre buena que trabajar doblemente. De muy
niño sufre un ataque de polio; y a pesar de todos los cuidados que
le prestan en Pamplona, a donde le lleva solicitamente su madre,
quedará en él una leve cojera que no le impedirá alardes de acrobacias,
aunque su pierna izquierda mida algo menos de un centímetro que
la derecha, ni tampoco entrar de acólito en la parroquia. Para ayudar
a su madre viuda, que vive de una pequeña vaquería familiar, Raimundo
asiste a la escuela muy pocos años. Además, no raras veces llega
hasta la puerta y desde allí se marcha con algunos amigos a «hacer
novillos», y no precisamente por atender los novillos de casa, sino
para correr por los huertos, aliviándolos en ocasiones de su fruta,
y buscar nidos, perseguir lagartijas y todo lo que conseguirlo suponga
una hazaña a su edad. Travieso como pocos, nunca en sus travesuras
hace daño a nadie, aunque llega a ser campeón infantil en carreras
por los huertos delante de los guardias, hasta sacando con su pie
melones tempranos por las acequias como quien juega al balón. Apenas
aprende a leer y escribir suficientemente, deja la escuela para
trabajar ayudando a su madre.
Primeramente se dedica al pastoreo de sus vacas, no en vano a su
madre le llamaban la «pastorcica», mientras que sus hermanos mayores
trabajan ya en las labores del campo. Y aunque nadie le oiga, canta
siempre. Puede entonar melodías de todos los estilos. y no le importa
complacer a quien le pide tangos de moda como «Mamita» y «La cieguita».
Pero lo suyo es la jota navarra. Le nace de si mismo como un surtidor.
Y terminará siendo llamado «el juglar de una de las más bellas canciones
del mundo». Mientras cuida su vacada, sentado en el suelo canta
y sueña entre jota y jota. Se ve siempre cantando jotas en los mayores
escenarios y haciendo vibrar a todo el público. Apenas rebasada
la infancia, decide aprender lo antes posible el oficio de herrador
forjador y lo hará pronto con Eusebio Ascunce, maestro herrador
en Carcastillo. Un gran amigo será Anastasio Garde, también después
en la capital de España. Los viajes diarios le sirven para vender
los productos lácteos de su casa. Y sobre la bici, siempre marcha
cantando. Cuando cruza el puente sobre el río Aragón, le oyen desde
todo Carcastillo.
La figura de Julián Gayarre, el tenor de la voz de ángel triunfador
en el Teatro de la Scala de Milán, le arrebata. También había sido
pastor, herrero y cantador de jotas en sus primeros años. -¿y por
qué yo no puedo hacer como él, irme del pueblo, cantar en los teatros
y conseguir el triunfo con la jota? Cierro los ojos y veo y siento
todo esto como una realidad... pero a la fuerza despierto pronto...,
¿por qué habré soñado tanto? ¡Querer compararme con Gayarre!
El tuvo suerte y encontró quien lo ayudara... ¿Pero yo? ¿quién me
ayuda a mi, si no me conoce nadie? Aunque tampoco Gayarre, cuando
estaba de pastor, pudo imaginar que llegaría después tan lejos,
con sólo su voz. Y si alguien a él se la dio, también me la ha dado
a mi... Al despertar de sus extraños sueños, se acerca al gran río
de su tierra navarra, el Aragón, que camina al Ebro y con él a los
mares y puertos. Y entre pesca y nado, proyecta su vida aquel frágil
muchacho de Murillo el Fruto, todo voz, nacido el año mismo del
fallecimiento de Pablo Sarasate, un navarro internacional que hacia
cantar al violín. ¡Y cuántos en Navarra desde sus primeros
años han soñado así con la jota perenne de su tierra!
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02
~ Con la rondalla 'el AS'
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Los
hermanos Rafael y José María Iturralde Díaz destacan en el primer
tercio del siglo XX entre los mejores joteros de Navarra y de España.
Y en los labios tudelanos de José María, muy avanzado ya el siglo,
irradiará presencia el recuerdo juvenil del Ruiseñor Navarro. Por
los años 1917 y 18 se asienta en Tudela una familia de Murillo el
Fruto: Julián Lanas con su mujer Alejandra y su hijo Dionisio. Doña
Alejandra está emparentada con la esposa de un empleado de Caminos
de la Diputación Foral, la señora Antonia, cuya casa en la carretera
y en pleno campo brinda vecindad y juegos a los joteros Iturralde,
que cantan y crecen en una vivienda cercana, dedicada a tejería.
Pasando un tiempo, viene a casa de su tío Julián Lanas un chico
de Murillo el Fruto, llamado Raimundo, que quiere seguir aprendiendo
el oficio de forjador y herrador. Durante muchos ratos libres, va
a casa de su tía Antonia y encuentra allí como compañeros de juegos
y jotas a los hermanos Iturralde. Pronto se hacen amigos y siempre
que vuelva Raimundo a Tudela le faltará tiempo para ir a jugar con
ellos. Pero son muchos los amigos de Raimundo en Tudela: como Emiliano
Sáinz Alcaine, dueño del establecimiento llamado «Mi Bar», junto
al puente de hi erro,
verdadero entusiasta de la obra de Raimundo Lanas, «el navarro más
cantador de jotas y el cantador de jotas más navarro». Un eco del
estilo de Raimundo pervivirá en el juvenil temple jotero de su sobrina
Sarita Sáinz Andía. En plena plaza tudelana, desde el Café Royalty
-posteriormente Arbella- el público obliga a un amistoso desafío
entre Raimundo Lanas, Jesús Soria «Currusco», que llegará a ser
uno de los mejores amigos de Raimundo, y José María Iturralde. Jesús
Soria lo hace muy bien, y con gran habilidad en el falsete. Raimundo
tiene entonces menos experiencia que José María Iturralde y nadie
se atreve a decir quién gana, aunque todos ven que con su voz maravillosa
no le será difícil al jotero de Murillo el Fruto culminar pronto
en solitario su carrera emprendida. Aquella velada «a la fresca»
y al arte quedará inolvidable en Tudela. José María Iturralde enseña
a Raimundo Lanas varios estilos de jota navarra de gran bravura,
habitual en el jotero tudelano. Raimundo se recrea con ellos y los
llega a recrear con su personalidad y estilo originales.
Una gran cualidad de Raimundo es el universalismo de sus amistades,
sin acepción de ideologías y colores. Su corazón y su jota unirán
siempre. En Tudela se siente a gusto, ha encontrado un pueblo maravilloso,
que le acoge como suyo entrañablemente. Tiene tantos amigos como
tudelanos le conocen en la capital de la Ribera. Y le conocen todos,
desde el jotero de la rondalla «El As», Victoriano Arriazu «El Royo»,
hasta el maletilla y maniquí Antonio Clavero Montañés. La familia
de don Santiago Marsellá lo recibe y obsequia como a un hijo y le
anima a cantar, augurándole el mejor porvenir. Ellos y otros muchos
tudelanos, al ver que Raimundo trabaja sin retribución en casa de
sus tíos y que nada pide por sus jotas, se ingenian para que nada
le falte. La ilusión de Raimundo es cantar noche tras noche con
las rondas de mozos tudelanos. Y Tudela toda quedará transida inefablemente
de las melodías y el estilo del gran renovador de la jota, tan suyo.
Una noche, con ocasión de la feria agrícola de noviembre, rondan
juntos José María Iturralde y Raimundo Lanas, y dan una serenata
al gran escritor José María Iribarren, cantor excelso del folklore
navarro; Iribarren, que ya está en la cama, baja a la calle y les
felicita a todos. Raimundo había cantado su después celebérrima
jota: «Cojo la vara y mi carro, y voy por la carretera; no hay venta
en que no me pare, ni mujer que no me quiera», Iribarren sugiere
a Raimundo la sustitución de la palabra mujer por la de moza. Lo
recordará Iturralde: «¡Qué le íbamos a hacer! era tal nuestra nobleza
que todo nos parecía bien». Otro escritor internacional de Tudela,
Ezequiel Endériz, publicará en Toulouse su mejor libro titulado
«Fiesta en España» y evoca así los Últimos tiempos de la estancia
en Tudela de Raimundo Lanas, con quien convivió íntimamente: «No
se puede dar una mayor agilidad, una variedad mayor de estilos,
una voz más fresca y humana, una cuadratura más perfecta, una dicción
más pura y una inspiración más abundante. Raimundo era un genio
de la jota, como Gayarre lo fue del «bel canto» o Sarasate del violín.
Era la jota misma hecha carne».
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03
~ 'De Villafranca a Milagro'
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De Murillo a Carcastillo,
De Villafranca a Milagro,
Las jotas del Ruiseñor
Sobre el yunque resonaron.
Ángel
Napal, de Murillo el Fruto, contará en 1979, sus andanzas con Raimundo,
un año menor que él. Juntos
van a la escuela hasta los doce años. Juntos cuidan
las vacas, a orillas del Aragón. Juntos rezan y asisten a misa,
y juntos cantan jotas... Ángel acompaña a la guitarra y hace el
dúo. Raimundo lleva la voz alta, y no solamente se conoce todas
las jotas navarras de antes, sino que crea las suyas propias, y
así, va creando y recreando melodías y letras.
Cantaban una noche de ronda ante una terraza, y al escucharle unos
viajantes de comercio de Zaragoza le proponen a Raimundo, de apenas
quince años, actuaciones en la ciudad del Pilar, que él de momento
rechaza. Un amigo suyo de Carcastillo será Victorino Irigoyen. Desde
Dax comunicaba sesenta años más tarde: «Soy un asiduo oyente de
La Jota, me veo muy contento de estos homenajes cada año a mi compatriota...
yo le conocí y hablé con él mucho... de muy pequeño venía
a Carcastillo a traer leche de la vaquería de su casa con un borriquillo,
y él mismo la servía con un cántaro por las casas. Después
se compró una bicicleta azul marca Alcyon... Casi siempre pasaba
de Murillo a Carcastillo cantando jotas... yo le oí cantar muchas
jotas en Carcastillo antes de hacerse famoso...»
De Murillo a Carcastillo
Raimundo Lanas cantaba,
Y al cruzar el Aragón
La corriente se paraba...
Y
no podía ser menos al escuchar aquella su voz divina... En Santacara,
Jesús Ibiricu conservará casi como una reliquia aquella bicicleta
en la que Raimundo volaba sin manillar, al aire sus manos y sus
jotas. Al pedirle uno de Carcastillo algo fanfarrón que cantara,
Raimundo, tan noble como travieso, en frase de su coetánea Antonia
Gabari, improvisó espontáneamente:
En Santacara no ciernen,
En Murillo ya no amasan;
Y en Carcastillo, señores,
«Gibadamente» lo pasan.
Y
Francisco Hualde escribirá: «Soñaba con el tenor Gayarre, Raimundo,
ruiseñor de todo el mundo... En el corral de El Pardico, hacia Cáseda,
había dos mozas que estaban locas por él; pero él no las quería
para novias. Yo tenia ovejas..., y había dos hermanos de Carcastillo,
Fulgencio y Silvio Pérez, «los plantainas», que pescaban y cazaban;
y Raimundo también era pescador...; y con ellos yo mataba un ternasco,
y hacíamos buenas meriendas, con unas jotas que siempre tengo presentes».
En Carcastillo, además del oficio de herrador, aprende técnicas
musicales que ampliará en sus largas estancias juveniles de Tudela.
Como herrador forjador trabajará de 1928 a 1930 en «La fragua del
señor Cosme», de Villafranca de Navarra. Como él mismo cantará,
«yunque y martillo forjaron la voz de Julián Gayarre» y forjan también
la suya. En sus rondas de jota le acompañan a la guitarra Pablo
Sánchez «Miriguindi» y Pablo Soret «EL Tocolillo». Y su voz es ya
tan extraordinaria, que cuando prepara sus actuaciones en un pinar
cercano, llega a reunir allí a todo el pueblo. Sigue recorriendo
los pueblos en fiestas, de Fustiñana a Lerin, y a Mendaza, de Caparroso
a Valtierra, de Tudela de Navarra a Tauste de Aragón. Hay noches
de verano que al regresar de su actuación tiene que ponerse a trabajar
de madrugada, dejando el reposo para el calor del mediodía.
Villafranca recordará las anillas donde ataba sus caballerías en
la casa de don Felipe Saleta De 1930 a 1931. Tendrá Raimundo en
Milagro un nuevo trabajo, en el «herradero de Pedro Pastor», y una
nueva escuela de jota con el jotero poeta Román Bayona y la voz
poderosa de Clemente Abad. Uno de sus más grandes amigos en Milagro
será Fausto Quiroga; y recuerda haberle oído cantar en pleno trabajo
la jota «Tengo un hermano en el tercio» con una calidad imposible
de repetir. Entre los discípulos en Milagro de Raimundo Lanas están
José y Pablo Anoz, padre este último de los Hnos. Anoz, tan destacados
en el mundo de la canción y discografía. Pablo Anoz dirá en 1978
«Había entonces muchos y muy buenos joteros en Milagro. A mi hermano
José, muerto después en el frente, y a mi nos tocó muchas veces
cantar con él, pero nadie pensaba en poder competir; cuando cantaba
Raimundo teníamos que callar todos. Todavía me emociona el recordarlo.
No estuvo mucho tiempo en Milagro pero en el poco que estuvo se
hizo con todo el pueblo. Era una persona a la que quería mucho todo
Milagro. Al despedirse cantó esta jota:
A Zaragoza me voy
y parte del extranjero,
Si en este invento fracaso,
Otra vez al herradero.
Mucha
gente del pueblo lloró al oírle cantar esta jota. Raimundo se despide
de su amigo Fausto Quiroga: «Me voy por el mundo con mis jotas».
«Adelante y que Dios te acompañe, puedes triunfar», le responde
Fausto. Y Raimundo, emocionado, no sabiendo qué dejarle como recuerdo,
le entrega un cinto suyo que después será muy apreciado en la familia.
Con él morirá en accidente agrícola el padre de Fausto, y con él
será enterrado. Pero la figura y las jotas de Raimundo quedarán
en el amigo y en sus hijos, uno de ellos misionero escolapio. También
se recordarán con cariño en las familias de Milagro, y en tantos
pueblos de Aragón, Rioja y Navarra como entonces recorrió. |
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04
~ La fascinación de su trayectoria
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Quedan
atrás para siempre aquellos sus primeros tiempos románticos de pueblo
en pueblo. Solamente en compañía de Jesús López, de Milagro, «El
Fleta», había recorrido Corella, Tarazona y Cervera del Río Alhama,
donde actúan en el café Legarreta y son invitados a probar los mejores
pajarillos y pimientos del pico. En Cascante se alojan en la fonda
de aquel célebre cojo que anunciaba su cuenta corriente en todos
los bancos de la plaza y sus cuartos de baño en el regadío; allí
pagan entre los dos seis pesetas. Cantando en la plaza dos jotas
entre cada vaquilla brava, llegan a cobrar treinta duros por tarde.
El popular Bartolo de Marcilla se encargará de pasar la boina en
Caparroso, Villafranca, Cadreita, Milagro y hasta en Peralta...
¿Pero cómo vais a cantar la jota en Peralta, donde están los que
mejor la cantan? «como nosotros no la canta nadie», responde con
sencilla convicción Raimundo. Y así se lo confirmaron los mismos
de Peralta, «encantados». Y seguirá con su amigo Jesús, «el Fleta»
por Castejón y Falces, Marcilla y Valtierra, y sobre todo por Tudela,
su patria chica adoptiva y predilecta. «Raimundo Lanas cayó de pie
en Tudela» manifestará «El Fleta». Quedaron atrás estos tiempos,
vivencia jotera popular de feria en feria, y siguen años de escenario
y apoteosis con el nombre de «El Ruiseñor Navarro».
Sus singladuras por toda España varias veces y por Cuba, Méjico
y Nueva York, sólo o en grandes compañías como la de Raquel
Meller y la de Ramper. Cuando en frase del humorista Ramper, ya
«tiene toda la familia colocada con un hermano en el Tercio y otro
en Regulares» sueña con recorrer toda América desde Argentina a
Estados Unidos, como se lo sugiere a su amigo «el Fleta» de Milagro,
con quien convive en Castejón unos días primaverales, de ilusión
por América y barca
sobre el Ebro. Como «el jotero mejor que ha habido en toda Navarra»
recordarán a Lanas tanto su amigo Jesús López «el Fleta», como su
esposa doña Isabel, de Medina de Pomar. En las tertulias literarias
llegará a ser evocado emocionadamente «El Ruiseñor Navarro» por
el escritor tudelano Luis Gil Gómez: «Fatiga de mulas, carga dorada,
pinares lejanos... La voz de Raimundo, timbrada y fuerte como la
bocina gigante de un Roldán bardenero, canta sus jotas, nacidas
en el pueblo. Sin barroquismos estériles ni atildamientos respondían
siempre plenamente a la lírica de los cancioneros populares...»
El doctor madrileño don Juan Riñón, que le oye en el teatro de La
Zarzuela a comienzos de 1936, llegará a decir cuarenta años más
tarde: «Ponía escalofríos en la carne y en el alma, he escuchado
después a muchos que no llegan ni a desatarle el calzado. Lo que
Gardel para la canción argentina y Negrete para la mejicana, fué
Raimundo para la navarra»
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05
~ Ruiseñor de los jardines de la Taconera
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Por
los amigos de Tudela es presentado en 1932 Raimundo Lanas, su jotero
adoptivo, al director del Orfeón Pamplonés. Don Remigio Múgica le
escucha y no vacila en manifestar «Si quieres y pones voluntad,
puedes hacer mucho, con la garganta tan prodigiosa que Dios te ha
dado». La Escuela de Jota de Los Amigos del Arte le ayuda a costearse
su estancia en Pamplona. Es acogido familiarmente por los hermanos
Tomás y Eugenia Echeverría que viven con su madre viuda, doña Dorotea
Aldave, en el Paseo de Sarasate, 14, 3º derecha; y que llevan también
la Peña de Cazadores en la plaza del Castillo, con su servicio de
comidas. Del pago puntual de la pensión asignada se encarga mensualmente
la madre de Raimundo. En Pamplona estará un año largo. El Orfeón
Pamplonés y varias parroquias lo quieren incluir de modo fijo en
su elenco musical. Pero como dirá doña Eugenia, «él sólo quiere
la jota y seguir a su airico. Guarda siempre buena conducta y todos
son amigos suyos. Nunca pudiera tener un sólo enemigo por su manera
de ser». Canta solo y con Los Amigos del Arte y en el Orfeón Pamplonés...
Las calles y teatros de Pamplona son su gran escenario; pero, sobre
todo, los jardines de la Taconera, con un público de toda condición
que no se cansa de aplaudirle Hasta a León Salvador llega a cantar
en unos sanfermines.
Raimundo cree «estar en la gloria». Humilde y agradecido nunca olvida
a quienes han hecho algo por él; y años después seguirá hablando
con gratitud de don Remigio Múgica, del Orfeón Pamplonés y de Los
Amigos del Arte. Su saber musical para entrar y seguir connaturalmente
en los tonos debidos, su costumbre de vocalizar que no dejará un
solo día para «limpiar» la garganta y conocer cómo está de voz,
su gusto por el trato con maestros del canto... evocarán para él
siempre las horas del Orfeón Pamplonés. Pero es en Los Amigos del
Arte donde reafirma una vez más y ya para siempre su decisión
de llevar por el mundo el espíritu navarro y el temple de la jota
de su tierra, llevándola como única bandera. Aquella promesa de
grabar su celebérrima jota de «Las golondrinas cantaban»
en «Regal», le invita a soñar con un camino de grandes horizontes.
En la capital navarra, conoce al guitarrista Miguel Cenoz, de Ostiz,
que será su mejor amigo y compañero inseparable. Hace por él y le
ayuda «más que un hermano». Al tener que dejar Miguel Cenoz su casa
de Villava para trabajar en Cataluña, llama y anima a Raimundo a
encontrarse con él en Barcelona, para intentar la grabación de algún
disco. Esta oportunidad le ilusiona; a la ciudad condal marcha en
la cabina del camión de un conocido que se brinda a llevarle. Desde
este viaje, mientras dure su bohemia en pos del éxito, será siempre
su medio más habitual de desplazamiento. Cuando llega a Barcelona
va en busca de Miguel; y éste su amigo verdadero, jamás le deja
de la mano. ¡Cuántas veces podrá comer y dormir en una cama
gracias a él!
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06
~ De la discografía al éxito
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En
Barcelona visita Raimundo varias veces la casa de discos La Voz
de su Amo y Parlophon, sin conseguir siquiera que le escuchen. No
venía recomendado, ni era allí conocido; no podían perder
el tiempo con él. Los días que Miguel Cenoz tiene libres será llevado
por él a los cafés conocidos o a bares de algún navarro; y allí,
después de pedir permiso, canta como solista o a dúo con Miguel.
Cuando todos aplauden con el mayor entusiasmo, alguien más comprensivo
pasa una boina y recoge unas «perras» para Raimundo, aquel jotero
que se ha decidido a hacer de la jota su vida o a morir de hambre
en la demanda. Raimundo no pidió nada ni siquiera prestado, aun
en momentos de verdadera necesidad. En eso como en tantas cosas,
conserva el orgullo de su estirpe. Riéndose de estas andanzas contará
años más tarde a su esposa: «Muchas veces me ofrecían dinero
después de cantar y yo muy ancho decía que no, que tengo de sobra.
Y estaba sin cinco en el bolsillo. Menos mal que los tudelanos que
conocían bien mi situación, solían insistir: bueno, es igual: te
lo guardas para otro día». En Barcelona jamás pasará la boina él
mismo. Aunque las correrías y calamidades le han obligado a vencer
su inicial timidez, sigue resaltando en él un pudor innato que atrae
gratamente. Si le ofenden es valiente como el que más, pero si nó,
se mantiene discretamente replegado para todo lo que no sea cantar
la jota.
Miguel Cenoz tiene que estar un día en Barcelona y otro en Lérida
por su trabajo de cobrador de viajeros en una importante compañía
de autobuses. Como no quiere abandonar a Raimundo, lo lleva consigo
habitualmente; y en Lérida le hospeda en el piso de su padre, que
vive con una hija casada. Así llega a conocer Raimundo la geografía
catalana y en todas las fiestas de ciudades y pueblos aprovecha
para presentarse allí y cantar en algún local. Más adelante serán
poblaciones de Aragón y algunas de Castilla. Hasta a la misma capital
de España se acerca dos veces, sin conseguir lo que tanto busca:
entrar con alguna compañía para cantar sus jotas en los teatros.
Un día, en Barcelona, insiste con Parlophon y La Voz de su Amo,
ya casi desmoralizado. Si me escuchan ustedes un rato, les canto
lo que quieran. Si todo el mundo dice que lo mío es cantar ¿por
qué ustedes no quieren oírme? ¡Si hasta en el Orfeón Pamplonés
dicen que Dios me ha dado una voz maravillosa!. Al citar el Orfeón
se prestan un poco más a atenderle ¿y cómo puede usted justificar
que ha cantado en el Orfeón Pamplonés? «Basta con que escriban a
su director don Remigio Múgica». Entonces, por fin, se aprestan
a oírle y les canta todo tipo de canciones, lo que se le ocurre;
sobre todo, jotas suyas originales. Como despedida, le prometen
hacer algo: Vuelva usted dentro de quince días y tendrá la respuesta
definitiva. Sale desconfiado Pero al regresar se siente felicísimo.
La casa discográfica ha escrito a don Remigio Múgica y el director
del Orfeón Pamplonés ha respondido sin demora, «Raimundo Lanas es
un muchacho con una garganta prodigiosa. Con su voz tan modulada
y su timbre tan limpio puede cantar cuanto quiera, pero es mejor
que cante jota navarra, para la que tiene un estilo inigualable.
Personalmente lamento que no siga en el Orfeón porque en él hubiera
sido una gran figura». Con la seguridad de este historial, Raimundo
Lanas va a grabar su primer gran disco. Y es feliz, a pesar de las
condiciones que la casa discográfica le impone. «Comprenderá
usted que todavía no es conocido en este campo comercial y que el
grabar conlleva muchos gastos, comenzando por 'la cera' misma, que
cuesta ella sola 300 pesetas de plata... Le vamos a grabar, pero
sepa usted que no percibirá nada hasta que se hayan vendido los
primeros 500 discos...» Raimundo Lanas acepta jubiloso e ilusionado.
Los Pajes de Tafalla, en una grabación restringida, habían entreabierto
para la gente de fuera, el secreto de la jota navarra. Lanas, abrirá
de par en par las puertas de ese incalculable tesoro, por él abrillantado;
y lo ofrecerá generosamente en su voz y en esa discografía comercial
recién estrenada. No le importan imposiciones y sacrificios. En
discos, serie azul de 25 centímetros, graba como solista sus jotas:
«En los montes de Navarra», «Quisiera volverme hiedra», «Tengo un
hermano en el tercio»..., y a dúo con Miguel Cenoz, las tituladas:
«y voy por la carretera», «Es el más lindo querer» y «La Mejana»...
Le ha acompañado la rondalla Lizaga-Domingo. Estos discos y los
que inmediatamente seguirán, cambian la vida del gran jotero navarro.
Nunca olvidará aquella mañana radiante de su boda en la madrileña
iglesia del Pilar, cuando contrajo matrimonio Raimundo Lanas Muru,
hijo de Pascual y Evarista, con Carmen Bravo Pérez, hija de Francisco
y Francisca, siendo sus padrinos doña Concepción Pascual Souto y
don Vicente Martínez Feduchy. Por algo el Ruiseñor Navarro había
creado esta jota tan suya:
«De las rías de Galicia,
con la de Lérez me quedo,
porque en su margen nació,
la mujer que yo más quiero».
Pues
en El Grove había nacido el 10 de abril de 1913 aquella joven que
desde 1933 iluminó la vida y la inspiración del gran jotero navarro
a ambos lados del Atlántico. Cuando Raimundo sólo era un aspirante
al éxito en la canción, sin nada estable todavía en su vida, se
habían conocido ocasionalmente, junto a la Puerta del Sol. Un primo
lejano de Raimundo, Paco Céster, torero, paseaba por la calle Arenal,
con él y con un torerillo de Pontevedra. «¿Carmiña, dónde vas?»
preguntó éste, al ver allí de pronto a una paisana suya que venía
con otras amigas. Se detuvieron y él fue quien presentó a aquel
joven que entonces sólo vivía de canciones y sueños de artista.
Ellos las invitaron a tomar algo en la Casa Vasca, regentada por
Arteche, amigo
de Raimundo, al igual que su hijo Paco. Y éste, a su vez, las presentará
a Miguelín Unamuno, hijo del que ambos serán después grandes amigos.
Iba a ser un noviazgo difícil. La familia de Carmen Bravo no veía
bien la inseguridad económica de su hija con aquel joven cantante
de jotas, todavía a comienzos de 1933 en busca del éxito. Y a su
vez, muchos familiares de Raimundo preferían verlo entre ellos,
con un trabajo fijo, sedentario, y una esposa navarra conocida.
Pero Raimundo no había vacilado ni en tener que subir a la cabina
de los camiones para poder proseguir su camino hacia el matrimonio,
con aquella muchacha gallega tan dulce, buena y cariñosa. Todo quedó
superado, Y en esta su gran primavera de 1936, plena de éxitos,
les alegran su hogar dos hijos: Raquel, la mayor, nacida el 27 de
enero de 1934, y Raimundo Miguel, nacido once meses más tarde. El
nombre de Miguel se le había añadido por aquel guitarrista: Miguel
Cenoz, un navarro que para Raimundo «más que un amigo lo fue todo»,
en frase de Carmen Bravo. |
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07
~ Zaragoza le dio el nombre
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Raimundo
Lanas ha grabado en Barcelona su primer disco para 1933. Su ilusión
es tan grande como las dificultades superadas. Los tres primeros
ejemplares los compra él mismo, regala uno a la Radio de Barcelona
y envía los otros dos a la emisora de Pamplona y Radio Zaragoza,
por medio de un amigo camionero. Y fue Radio Zaragoza la que obró
el milagro. Raimundo Lanas continuaba en su vida dura y difícil
en busca del triunfo. Por no ser gravoso a su amigo guitarrista
Miguel Cenoz, no aparece por su casa la mayor parte de los días.
De pronto, estando un día con él en un café donde se reunían los
camioneros amigos, llega uno de éstos y le dice: «Pero cómo, ¿tú
aquí sin un céntimo y resulta que en Zaragoza te buscan por todas
partes para que te «hinches» a ganar dinero? Tú no sabes la revolución
que está armando tu disco. ¡Es de locura! No se oye otra cosa,
está todo el día sonando». Raimundo le cree a medias; pero se anima
a regresar con él dos días después, una vez cargado el camión, sin
hacer problema de su ropa humilde y de su timidez inicial de entonces.
Era cierto que en Zaragoza había suscitado tan gran entusiasmo.
Todos escuchaban y cantaban las jotas navarras nuevas; pero nadie
sabia quién era el autor e intérprete del disco. Se hacían mil conjeturas
y cada uno opinaba a su albedrío. Se llegó a decir que era un paralítico
quien así cantaba y que por esto no se presentaba en público. Al
regresar camino de Zaragoza, se detienen en un bar para tomar algo.
Le invitan a un bocadillo y café con leche que es lo que suele tomar.
Después, ocasionalmente, canta unas jotas para un grupo que se lo
ha pedido. Y todos hacen la misma exclamación: ¡pero si es el del
disco! Ya con más confianza, hace Raimundo el resto del camino.
Cuando llegan, va directamente a la emisora. Comunica al portero
su intención de cantar ante el micrófono si le dejan; y se presenta
como Raimundo Lanas el del disco de La Hiedra. El recepcionista
le responde sin creerle: ¡Tanto gusto, pero no estorbe! Como Raimundo
insiste, el portero llama a un cargo superior, todavía más escéptico:
¡Si tú eres Raimundo Lanas, yo soy el obispo! Raimundo llega a tener
que jurarles que él es Raimundo Lanas y que viene de Barcelona exclusivamente
para que le oigan. Entonces hacen venir a un locutor que le permite
pasar diciéndole: ¡Puedes cantar pero rápido, porque no podemos
perder el tiempo! Al oírle y convencerse de que es Raimundo Lanas
en persona, todos se deshacen en disculpas y todo son nervios para
tratar de conseguir enseguida una rondalla, o al menos dos músicos
que con guitarra y bandurria le acompañen. El caso es ahora no dejar
que salga de allí sin que actúe. Al disculparse, le repiten: Imaginábamos
que se trataba de un hombre muy alto y fornido por la potencia de
los pulmones de Raimundo Lanas. Mientras se preparan, no dejan de
anunciar que tienen allí a Raimundo Lanas y que dos horas más tarde
podrán escucharle todos en directo. Finalmente, bien conjuntado
con su acompañamiento, puede cantar con todo su arte ante el micrófono.
El porvenir de Raimundo está salvado para la jota navarra. No cesan
las llamadas a la emisora y un público entusiasta que llega apresuradamente
para ver quién es y como es. Todavía con más prisa, acuden empresarios
de teatros y salas musicales; pero se adelantan los gerentes del
centro de espectáculos Gran Teatro Iris de Zaragoza, señores Elias
y Abentín, que ya no le dejan de la mano. Serán sus padrinos artísticos.

Y desde la emisora se lo llevan a comer y a comprar la ropa adecuada.
Raimundo Lanas elige como su vestido jotero el típico de las fiestas
navarras que él mismo difundirá ampliamente por el mundo: pañuelo
y faja roja sobre una ropa blanca inmaculada y cintas rojas para
las ágiles alpargatas de los encierros taurinos: a mano la boina
roja para completar la bella estampa del flamear en el saludo. Los
mismos empresarios le llevan a una pensión escogida y le acomodan
todo lo que le han comprado. Y le han comprado de todo, hasta la
maleta nueva para que pueda tirar la tan traída y llevada
que tenía consigo y que iba a quedar para él como un símbolo de
las andanzas y penalidades dejadas atrás. Al día siguiente actúa
en el Gran Teatro Iris. El público se arrebata entusiasmado en ovaciones
continuas y vibración única de alma, arte y sentimiento.
En la prensa la gran critica se supera en elogios. Y todos coinciden
en que parece un ruiseñor de trinos maravillosos. En frase del «Heraldo
de Aragón», «ha sido una verdadera fiebre de navarrismo la que se
ha apoderado de nuestro público». Y Zaragoza bautiza a Raimundo
Lanas con un nombre artístico que será suyo para siempre: «El Ruiseñor
Navarro». Todos se extrañan de los estilos que canta, ¿Pero de dónde
has sacado esas jotas tuyas tan bonitas y tan difíciles de cantar?
Y Raimundo responde con tanta humildad como verdad: Alguna es arreglo
de jota navarra antigua, pero la mayoría las he ido creando yo mismo
a lo largo de mi vida. A partir del 5 de agosto de 1934, «El Ruiseñor
Navarro» vuela ya en las alturas de su ilusión de siempre. Le parece
estar soñando y da profundamente gracias a Dios porque ha llegado
a un triunfo artístico permanente, tras la difícil escalada.
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08
~ Voz admirable y estilo único
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En
1934 la jota navarra presenta uno de sus máximos creadores: El «Ruiseñor
Navarro». Será la revelación artística del año. Sus nuevas jotas
han sido impresionadas en discos «La Voz de su Amo», «Odeón» y «Parlophon».
Raimundo Lanas comienza su gira por España como «un gran estilista
de la jota navarra, formidable liederista, fenómeno de voz y estilo
prodigiosos». En un disco le ha acompañado la Orquesta Casablanca:
Cuando van a la Mejana, En las orillas del Arga, Pamplona tiene
cadenas, Tengo un hermano en el Tercio, Una noche en Lagunera, Dice
que me ha de matar, Quisiera volverme hiedra... También la rondalla
de la Orquesta Sevilla, le quiso acompañar en sus creaciones famosas:
Dos hombres tuvo Navarra, A la fuente voy y bebo, Una rosa del Moncayo,
Pamplona siete de julio... Con otro navarro, Miguel Cenoz, «el mago
del dúo», había grabado anteriormente, acompañado por la rondalla
Lizaga-Domingo, sus primeras jotas: Si canto me dicen loco, Por
ver el dormir que tienes, Dice que me ha de matar, Una noche en
Lagunera, En los montes de Navarra, Y voy por la carretera, Es el
más lindo querer, Cuando van a la Mejana; con la firma de Raimundo
Lanas como autor de letra y música, firma que no siempre aparece
destacada en las creaciones originales de Raimundo. Sorprenderán
finalmente otras grandes jotas nuevas. acompañadas también por la
rondalla de la Orquesta Sevilla: De segar de los Monegros, Vivan
los Fueros navarros, Bien se ve que es de Tafalla, Canta cardelina,
canta.
El domingo 5 de agosto de 1934 se celebra en el Gran Teatro Iris
un interesante festival con el aliciente especialísimo de
la presentación ante el público zaragozano «del notabilísimo
cantor de jotas navarras Raimundo Lanas». Y la crítica teatral comenta:
«La popularidad de Raimundo Lanas, cimentada a través de sus discos,
hoy tan en boga en nuestra ciudad, se vio claramente en la entrada
que registra el amplísimo local. Y Lanas, conocedor de su prestigio,
puso el mejor esfuerzo de su arte al servicio del público. Clamorosas
ovaciones subrayaron las jotas de «La yedra», «Tengo un hermano
en el Tercio», etc., cantadas por Lanas con voz admirable y estilo
único. En el festival del domingo, el excelente cantador navarro
revalidó sus indiscutibles méritos...» Inmediatamente se anuncia
para el sábado 11 de agosto «la segunda presentación ante el público
de Zaragoza
del formidable cantador Raimundo Lanas. el Ruiseñor Navarro, cuyo
debut en las funciones de ayer domingo en este gran teatro constituyó
todo un auténtico acontecimiento artístico, de éxito clamoroso»
Y las actuaciones de Raimundo Lanas en el Teatro Iris seguirán todo
el verano, como refleja la prensa aragonesa: «La jota navarra se
nos ha colado en Zaragoza, ¡Y de qué modo!, por boca de ese buen
cantador ribereño que se llama Raimundo Lanas» Divulgadas por discos
Y altavoces sus bravas jotas, ya hoy es más frecuente escuchar por
calles y plazas. en los fregaderos y en la arboleda, en las tenerías,
ese estilo navarro de Raimundo Lanas; que se presenta con camisa
y pantalón blanco, faja y boina coloradas y encarnadas también las
cintas de las blancas alpargatas. Cuenta 26 años y nació en un pueblo
de la Ribera de Navarra, que se llama Murillo el Fruto. Herrador
y forjador de oficio, cantó sus primeras jotas en Murillo. luego
en Pamplona en el Orfeón y en varios teatros y salones. Ahora se
encontraba en Barcelona llamado por una editora de discos: y como
jotero -ya de paso- dio varios conciertos de jota navarra en Tarrasa,
Sabadell y otras localidades de Cataluña.
Raimundo Lanas está encantado en Zaragoza, donde ya mucha gente
le pide a voz en grito la jota de la Yedra y la Mejana. Buena la
ha hecho Raimundo Lanas con sus jotas navarras. Las tres cuartas
partes de los aragoneses tienen familia en el tercio, en regulares
y en Alcalá de Henares... A trino vivo el Ruiseñor Navarro había
llenado, el domingo 5 de agosto de 1934, tres sesiones de tarde:
a las 5, a las 7 y a las 10 y media. Con el esfuerzo de este día
quedó definitivamente consagrado como una de las altas cúspides
de la canción popular de todos los tiempos. En el mano a mano con
el magnifico cantador de jotas aragonesas Francisco Redondo, de
Épila, «clamorosas ovaciones subrayaron las jotas cantadas por Raimundo
Lanas, con voz admirable y estilo único»...
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09
~ Sólo su voz para el triunfo
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El
gran Teatro Iris de Zaragoza atrae con su nueva estrella, en 1934,
los corazones joteros de Aragón. Le llaman el Ruiseñor Navarro.
Y llegan a pedirle que cante jota aragonesa: pero Raimundo Lanas
nunca quiere hacerlo: «Me gusta y es preciosa, pero yo soy navarro
y sólo deseo cantar a mi tierra y dar a conocer su jota, de tanta
calidad, y que está tan olvidada fuera de ella».
De pronto llega al Teatro Iris la compañía de Mercedes Serós que
estaba contratada con antelación. Esos días Raimundo descansa de
sus actuaciones; pero canta en el homenaje a la misma gran artista
Mercedes Serós, que queda maravillada y le propone incorporarse
a su compañía. Al llegar al Coliseum de Madrid, ella no vacila en
manifestar: «Si el maestro Guerrero no quiere pagármelo, yo misma
lo haré». Y tanto es el éxito en Madrid del Ruiseñor Navarro que
el maestro Jacinto Guerrero le contrata personalmente para si. Y
sin temor a que se molesten las primeras figuras, manda hacer unos
carteles murales de gran tamaño donde le anuncia a él solamente:
«Raimundo Lanas, el Ruiseñor Navarro, un prodigio de voz y estilo
jamás igualado. Oigan a este fenómeno todos los días en el Coliseum».
Las primeras figuras se molestan. Pero el maestro Guerrero responde:
«Me da igual: porque quien ahora me llena el teatro es Raimundo.
Y
hay que ver cómo el público, puesto en pie, le aclama diariamente».
Uno de sus mayores admiradores será Azorín, que recordaba
siempre su asombro al ver salir a un mozo lleno de tímida sencillez,
vestido de pamplonica, que desde las primeras notas le deja asombrado
por los trinos que lanza; y el público le aplaude más y más, y grita
Viva Navarra y Viva España con una fuerza que desde hacia muchos
años no se había escuchado. Y Azorin termina su relato: «Este
milagro se debe a un mozo sencillo y tímido pero que canta como
los ángeles». En el Coliseum seguirá largo tiempo el Ruiseñor Navarro.
Al marcharse aquella compañía, el maestro Guerrero lo retiene para
hacerle actuar como fin de fiesta después de una película. Está
entusiasmado con Raimundo y le retribuye muy bien. Raimundo lo considera
muy buena persona y que nunca trata de aprovecharse.
Raimundo triunfa solamente con su voz de Ruiseñor. Al salir del
pueblo, Lanas se comprometió consigo mismo a no volver, sino después
de haber triunfado. Sólo dejaba el campo porque había nacido para
cantar en jotas a su querida Navarra. Frente a contradicciones y
ausencias de apoyo, sólo por su voz ha triunfado.
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10
~ Con la Jota Navarra por bandera
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Después
de su presentación en Zaragoza durante quince días, el 21 de agosto
de 1934 es llamado Raimundo Lanas a Madrid para actuar en «el palacio
del espectáculo» de entonces, el Coliseum. Marchaba ya en Zaragoza
en compañía, con Mercedes Serós, María Antinea, «Los Tres Diamantes
Negros» y la Orquesta «Casablanca» con sus once músicos.
Su actuación de aquel martes fue inesperada para la critica: «Hubo
una gran sorpresa en la función de anoche, a cargo del cantador
de jotas Raimundo Lanas, incipiente artista que tiene una voz espléndida,
verdaderamente magnifica. y canta las jotas de Navarra insuperablemente.
Su éxito fue ruidosísimo y aún lo será mayor cuando pierda el pavor
que anoche presidió su debut». Desde aquel día su nombre pasa a
encabezar el anuncio de la Compañía en la guía del espectador: «EL
Ruiseñor Navarro, famoso cantador de jotas típicas, es aclamado
diariamente en el Coliseum en unión de Mercedes Serós...». Un critico
decía que «como cantador de jotas navarras puede afirmarse que es
un creador. Por eso el público, sorprendido y admirado, aplaudió
sin descanso su voz de maravilla y las armoniosas modalidades de
las jotas de su tierra, de la que su pecho de acero y su garganta
privilegiada son su mejor heraldo. Para cantar las excelencias de
la noble Navarra se ha revelado un joven que el público lo designa
con el sobrenombre de «EL Ruiseñor Navarro» y el público es juez
soberano para fallar en estas contiendas».
Sigue con Mercedes Serós en el Poliorama, de Barcelona. Y durante
las Fiestas del Pilar de ese año vuelve a Zaragoza
en nombre grande con la compañía del gran artista mundial Harry
Fleming; artistas internacionales extranjeros, y también españoles,
como Sepepe el popular caricato, para dos sesiones diarias y tres
el día 12 y el 14, domingo. Regresa Raimundo a Madrid al Excelsior,
donde actúa con las famosísimas estrellas alemanas Pearry Sisters,
llevado en la cabecera de reparto como «la auténtica revelación
artística de 1934, prodigio de voz y estilo jamás igualado».
Navarra vibra desde el primer momento con los éxitos de aquel hijo
suyo que se había marchado lejos superando dificultades, con la
jota navarra por bandera. Y acoge con verdadera ilusión estas noticias
enviadas desde la ciudad condal por el periodista tudelano Francisco
Subirán Moneo: «Raimundo
Lanas, jotero navarro, ha triunfado plenamente en España. Para matar
unas escasas horas de asueto, nos hemos metido en un teatro de las
Ramblas donde se nos ofrecía un cuadro de variedades que parecía
aceptable. El espectáculo resultó, en sus principios, endeble: y
el público disimulaba su aburrimiento con unos leves aplausos de
pura cortesía, al final de cada cuadro. Ya cercano el descanso,
sobrevino la sorpresa. A telón corrido, acompañado por un músico
de la orquesta en plan de guitarrista, hizo su aparición un muchacho
joven, tocado con la clásica boina navarra, pantalón y camisa blancos,
alpargatas, rojo pañuelo ceñido a la garganta y desbordándole por
los hombros. ¡Una figura viva, castiza, arrancada de una estampa
sanferminera! Momentos después, la sala rompía el hielo de su indiferencia
con sus ovaciones largas, cerradas, que exigían imperiosas la repetición
ilimitada del número. iEra la jota navarra y su inimitable intérprete
Raimundo Lanas! Y el público no se cansaba de oír el canto mágico
de infinita dulzura, que puebla las riberas y montañas de Navarra...
Y de tanto en tanto, las estrofas son un homenaje cálido a la tierra
que vio nacer al cantador. «Y el bardo termina su actuación enviando
un beso a su tierra lejana...». Hubo espectadores que al terminar
Raimundo Lanas sus jotas briosas y nostálgicas, tenían un «nudico»
en la garganta y los ojos un tanto húmedos. Y es que ni el tiempo,
ni las distancias, son capaces de arrancar de un corazón navarro
las hondas raíces de cariño y amor hacia su tierra.
Raimundo Lanas, no hay que decirlo, es navarro de los pies a la
cabeza. Nació en Murillo el Fruto, y en sus correrías por los pueblos
de la Ribera, trabajando en su oficio de herrador, tuvo su mejor
academia jotera. Y como de casta le viene al galgo, su familia:
padre, madre y dos hermanos, rinde culto a la jota navarra. -Mi
hermano el mayor -nos decía Raimundo- es una cosa seria cantando,
pues me da a mí cincuenta vueltas, pero no hay quien lo saque de
sus «piezas» y sus faenas agrícolas. Ahora he de volver a Barcelona
porque las casas «Odeón» y «Parlophon» quieren que les impresione
discos. Y para primeros de enero, fecha en que termino el contrato
firmado, tengo grandes proyectos, pues me sobran las demandas.
Admirable labor la de Raimundo Lanas. En Zaragoza, la «Meca» de
la jota, armó un alboroto, pues hasta los chicos de las escuelas
cantaban sus «joticas». A Lanas, cuando vuelva a Barcelona, le va
a rendir la colonia navarra un caluroso y entusiasta homenaje.
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11
~ Junto a Raquel Meller
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Grandes
Compañías rivalizan por incluir en su cabecera una y otra vez a
Raimundo Lanas. Hasta que prevalecen la célebre de Raquel Meller
y Amalia de lsaura. Con ellas recorre los principales escenarios
de España. De su presentación en el Teatro Español de Barcelona
escribió la crítica de la Ciudad Condal: «Llenaba la amplia sala
un público tan numeroso como entusiasta que no desperdició ninguna
oportunidad para poner de manifiesto su satisfacción a lo largo
de un programa brillantísimo. Las que pudiéramos llamar estrellas
máximas de la constelación son, naturalmente, Amalia de lsaura,
la extraordinaria pequeña gran actriz que posee una voz cómica desbordante,
y Raquel Meller, que goza de mundial nombradía... y «EL Ruiseñor
Navarro», poseedor de una voz intensa y bien timbrada, que sabe
manejar con gusto y al que el público obligó a repetir después de
una gran ovación...».
Al concluirse el año 1934, Raimundo Lanas merece ser destacado pictoricamente
en «EL Norte de Castilla», de Valladolid, el domingo 30 de diciembre,
en un apunte de «Geache» junto a Raquel Meller. la de «La Violetera»
y «El Relicario». Nunca iba a olvidar el Ruiseñor Navarro su gira
artística con Raquel Meller en teatros de renombre nacional: Coliseo
Español, Rosalía de Castro, Romea, Progreso, Kursaal, Principal
de León... En el escenario del Principado, «el jotero navarro cantó
una colección de jotas originales, de gran estilo, con no pocos
arabescos que revelan la agilidad de su garganta». Y en el Gracia
Barbón de Vigo «el famoso liederista Raimundo Lanas fue ovacionadísimo
en los motivos líricos que ofreció su fina y bella voz, su simpatía
y su estilo fueron justipreciados por el público que le dedicó incontables
ovaciones; y llegó a cantar más de diez números en cada función».
Según los santanderinos, en el Pereda «el Ruiseñor Navarro deleitó
al Público con bellísimas jotas navarras interpretadas con extraordinario
gusto». Y en toda España, «junto a Amalia de lsaura, la cancionista
cómica de «La pulga» festiva, y Raquel Meller «el Ruiseñor Navarro»
contribuyó a dar al espectáculo calidad dentro de la variedad. Es
un formidable cantador de jotas. Posee una voz de muy grato timbre
y de ese blanco color tan propio de los buenos joteros. Con esa
«voz de plata» cantó coplas en estilos dificilísimos y que
oíamos por primera vez. El público complacidísimo le ovacionó repetidamente».
El
Ruiseñor Navarro estaba ya en su cenit. Al ver su carrera ascendente,
una gran revista nacional no pudo menos de recordar aquel mano a
mano entre una de las figuras más destacadas del canto regional
de Aragón, Francisco Rodríguez Redondo, primer premio de cantadores
de jotas en distintos certámenes, y Raimundo Lanas, el cantador
que ha logrado mayores éxitos con sus estilos, conocido con el sobrenombre
de «El Ruiseñor Navarro»: «Un día, a jotas, un baturro y un navarro
se apostaron a correr; y, como dice la copla, el uno llegó primero
y el otro llegó después». El primero que llegó a Madrid fue el navarro
Raimundo Lanas, que triunfó de una manera definitiva, cantando sus
estilos y las letrillas que ha puesto a sus originales coplas. Raimundo
Lanas, pastor primero, herrador luego, artista más tarde, ha sido
una revelación en los centros artísticos de Madrid y en alguno de
los principales teatros. El público, tanto el que asiste a los espectáculos
como el que escuchaba la radio, conoce a maravilla esa jota navarra
de La Hiedra y los otros estilos peculiares de Raimundo. Con ellos
y con una valentía que para sí la quisieran muchos artistas, que
son grandes y siguen siendo pequeños porque carecen del arranque
que les había de proporcionar la popularidad, «El Ruiseñor Navarro»
se dio a conocer en Madrid y en Barcelona. Hemos asistido a sus
éxitos como espectadores, y nos hemos preguntado: -¿ Es tanta su
categoría como para llenar un teatro y hacerle repetir hasta quince
coplas? Y nos hemos contestado: -Sí, sí, sí; porque Raimundo Lanas,
que todo lo debe a su esfuerzo, a su tesón, ha sabido colocarse.
Y hemos vuelto a preguntarnos: -¿Habrá en Aragón cantador de jotas
que pueda luchar con Raimundo Lanas? Y volvemos a respondernos:
-Si, le hay, y dispuesto a no perder la pelea. Dos tendencias, dos
formas, dos regiones en pugna por la supremacía del canto regional
de cada una. Cantos igualmente
hermosos, que se complementan y respetan, como los habitantes de
ambos
«ex reinos». Dos muestras musicales de las regiones españolas, que
no rivalizan porque se aman. Como nos lo demuestra una adaptación
ocasional de Raimundo Lanas, que nos conmovió:
Pamplona tiene cadenas,
y Tudela su Mejana;
pero valor y virtudes,
Aragón y mi Navarra».
Sin
rivalidad alguna, como ha precisado Mario Alegría, actuó en el Olimpia
de Huesca Raimundo Lanas con Raquel Meller, resaltado especialmente
«el famoso divo de la jota navarra, el fenómeno del día con sus
portentosos estilos». |
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12
~ El Ruiseñor en Navarra
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En
sus giras por Navarra era saludado en el Teatro Gayarre el sábado,
primero de junio de 1935, como «el formidable creador de nuevos
estilos de jota con su nuevo y extenso repertorio... Va por los
escenarios cantando en coplas garridas el rango racial de esta tierra
bendita. Hasta ahora formando conjunto de agrupaciones artísticas,
va también solo y llena con su personalidad bien definida un fin
de fiesta muy meritorio».
En Tudela ha actuado ya en el Teatro Cervantes: «El espectáculo
lo valora la presencia de Raimundo Lanas. Tenemos en cuenta lo que
por Navarra ha hecho este modesto joven, y muy en particular por
nuestra ciudad, por la que siente verdadero cariño; cariño que lo
viene expresando en las coplas que propagan la fertilidad sin par
de nuestra Mejana y la fragante belleza de nuestras hortalizas.
Raimundo Lanas ha recorrido todos los ámbitos de nuestro país haciendo
llegar a ellos lo más exquisito de nuestro folklore musical, y en
un recorrido en que ha cosechado los más delirantes triunfos para
si y para nuestra patria chica, ha llevado a nuestros paisanos ausentes
el recuerdo de nuestra querida Navarra, despertando en ellos la
nostalgia con fuerza inusitada. Toda la prensa ha comentado en términos
muy halagadores sus actuaciones, destacando el hecho significativo
de que sus inimitables estilos sean interpretados por los mozos
de todos los pueblos, durante las rondas que improvisan o las que
tienen lugar periódicamente. A Tudela le corresponde hacerle participe
de un homenaje popular en justa correspondencia a la predilección
que por nuestro pueblo siente. Que sus horas de estancia en nuestra
localidad sean muy gratas». Aquel jueves, 23 de mayo de 1935, primera
actuación estelar en Tudela de Raimundo Lanas, a las siete de la
tarde y a las diez de la noche, quedó para siempre en el recuerdo
como un gran acontecimiento artístico de jota navarra, como «el
día de la presentación del «as» de las jotas navarras, El Ruiseñor
Navarro». El 26 de mayo de 1935, Tafalla acoge también con gran
entusiasmo la primera actuación oficial en la ciudad y presentación
del «as» de las jotas navarras, Raimundo Lanas. Todo un acontecimiento
artístico de jota pura. El Ruiseñor Navarro llena el Teatro Gorriti,
él solo. Está utilizando una fórmula original, se abre el espectáculo
con una corta película sonora de la casa Cifesa, sigue un breve
descanso amenizado por «el Terceto de Pamplona» contratado para
el acompañamiento del gran jotero, y Raimundo llena después toda
la función con sus nuevas creaciones. Así actúa a las siete de la
tarde y a las diez de la noche, con el mejor de los éxitos.
El Ruiseñor Navarro ha sido ya contratado para una gira internacional
más allá de los mares, como primera estrella. Su actuación en Tafalla
fue muy comentada «EL popular cantante de jotas navarras Raimundo
Lanas, que tanto se ha popularizado ejecutando sus jotas en los
teatros, discos fonográficos y estudios de radio, se encuentra pasando
unos días entre nosotros, en un descanso de sus últimas actuaciones.
Su estancia en Tafalla es debida también a tener que ultimar y firmar
un ventajoso contrato para sus próximas actuaciones en Méjico, a
donde tendrá que partir lo antes posible. Esta permanencia en la
ciudad del Cidacos por sus numerosas amistades, no se ha querido
que pasara desapercibida. Y así fue organizado en el Teatro Gorriti
un festival que puede bien calificarse de acontecimiento artístico por
el resultado del mismo. Tuvo lugar el domingo último en el mencionado
coliseo y Lanas, más conocido por el «Ruiseñor Navarro», logró
un resonante éxito interpretando sus ya populares jotas. El numerosísimo
público que llenaba el salón, entusiasmado premió su actuación con
numerosas ovaciones. Le felicitamos y sería nuestro agrado volverlo
a oír». Entonces mismo, un poeta de Tafalla escribió el primero
de los romances dedicados al Ruiseñor Navarro. Lleva el título sencillo:
Lanas y sus jotas. Por algo el gran jotero había mandado imprimir
así su primera tarjeta discográfica: EL RUISEÑOR NAVARRO, RAIMUNDO
LANAS , tenor. TAFALLA (Navarra).
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13
~ 'Buen viaje y buena garganta'
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'Raimundo
Lanas marcha a Méjico', pregonaba la prensa navarra en junio de 1935:
«Hemos sido visitados por Raimundo Lanas, el jotero navarro de tan
admirable estilo. Después de rogar hagamos pública su gratitud por
las atenciones que se le dispensaron durante su reciente actuación
en Pamplona, nos anuncia su próxima partida para Méjico, acompañado
de su esposa doña Carmen Bravo. El viaje lo hará a bordo del «Cristóbal
Colón», que zarpará de Bilbao el día 26. El famoso cantador de
jotas embarca rumbo a Méjico ventajosamente contratado. Ante la
numerosa colonia navarra y el prestigioso Circulo Vasco-Español,
Raimundo Lanas, tan admirado por muchos públicos, cantará allí sus
estilos. Deseamos al gran cantador navarro que al alcanzar sus éxitos,
que se dan por descontado, consiga al mismo tiempo enfervorizar
aún más los entusiasmos patrióticos de aquellos paisanos nuestros,
al gustar y sentir los cantares viriles de su suelo entrañable.
El contrato es para dos meses, pero el intrépido cantador lleva
propósitos de prolongar su estancia en América. Que el simpático
«Ruiseñor Navarro» obtenga muchos laureles y muchos pesos mejicanos
en la tierra de Cárdenas y Dolores del Río. Buen viaje y buena garganta».
Doña Carmen Bravo, la joven esposa de Raimundo Lanas, nunca olvidará
aquel viaje: «A principios de 1935 vinieron unos navarros de Méjico,
con el encargo de contratar a Raimundo para el verano y las fiestas
de San Ignacio de Loyola, organizadas por el Círculo Vasco-Español.
Traían el contrato en blanco para que él lo rellenase con la cantidad
que creyera necesaria. Querían llevárselo como fuese. Habían llegado
hasta allá sus discos y todos estaban ansiosos de oírle en persona.
Raimundo tuvo la gentileza de contestarles que, tratándose de navarros
y de vascos, él no ponía cantidad alguna. Sólo exigía ir como siempre
acompañado de su esposa; y que, una vez allí y según las actuaciones,
ellos le asignaran lo que considerasen merecía. Agradecieron muchísimo
este detalle...; y, aparte de los clamorosos éxitos de Raimundo,
nos agasajaban tanto y nos colmaron de tantos regalos, que estábamos
realmente aturdidos y emocionados. Nos faltaban días para cumplir
con los convites y con los viajes que nos prepararon para conocer
todo aquello...». En la prensa mejicana el jotero de Murillo el
Fruto venía precedido de gran fama: «Exquisito cantador de jotas», «En Zaragoza, en la mera mata de la jota aragonesa, sentó cátedra,
rivalizando con los más notables artistas y conquistando así a los
públicos donde actuaba», «Excelente intérprete del arte en una de
sus más gratas ramificaciones», «Los críticos le llaman -El Ruiseñor
Navarro-», «Lanas es noble y fuerte como su raza, gentil y caballero.
Artista de gran temperamento, hace vibrar a las masas con asombrosa
facilidad y les hace comprender lo grande que es su arte...». «El
cantante hispano, formidable estilista de la jota, es una verdadera
figura artística de la Madre Patria, donde ha realizado numerosas
jiras triunfales. Su voz de tenor le ha colocado entre los cantantes
más renombrados».
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~ En el país de los Mariachis
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Apenas
llegado a Méjico, Raimundo Lanas es presentado por don Serafín Domínguez
de Vidaurreta, Secretario de la Comisión de Festejos de la entidad
hispana que le trajo a la capital azteca. Así aparece el jotero
de Murillo el Fruto en una de las más atildadas fotografías que
de él se conservan, publicada por la prensa mejicana el 19 de julio
de 1935 con este epígrafe destacado: Artista que nos visita. «EL
famoso cantador de jotas de Navarra, Raimundo Lanas, a quien sus
paisanos llaman muy merecidamente "El Ruiseñor Nava-rro" se encuentra
en esta capital. Anoche tuvimos en nuestra redacción la visita del
artista. Se muestra lleno de gran regocijo por encontrarse entre
nosotros. -País -dice el famoso artista- que por su historia y su
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